domingo, 17 de noviembre de 2013

Verónica y deporte





Había una vez una niña que nunca hacia deporte.
La niña, se llamaba Verónica.
Era muy simpática y guapa.
Siempre estaba jugando, jugando y vagoneando. Como mucho... iba calle arriba, calle abajo.
A ella no le gustaba el deporte. Un día... el padre sin decírselo la apuntó a patinaje, atletismo, ciclismo, natación y... ¡¡baile!!.
No se lo dijo... ¡claro!.
Al ir... ella se enfadó mucho. Pero lo hizo... y en un mes, ¡era la más delgada de la clase!

Un día... cuando se levantó ¡tenía agujetas! Asustada, llamó a sus padres y tuvieron que llevarla al médico.
Se preocupó, porque como nunca hacia deporte, nunca supo lo que eran agujetas.

El médico dijo que no pasaba nada y... que en tres o cuatro días se le pasarían.

Ella quedó muy tranquila al saberlo.
A partir de ahí, hizo deporte todos los días


Claudia Pruneda

El gato negro





Había una vez en un pueblo muy lejano y en un día cualquiera... un gato negro que tenía cuatro meses de edad y se llamaba "Sombra".
El gato convivía en una casa con una niña y sus dos hermanos. También vivían en la casa la madre y el padre de la niña.

El gato dormía y comía mucho. Era único y él lo pasaba genial en la casa.

Le encantaba ver las cobayas y los pájaros de la casa. Pero... había un perro muy grande y... ¡claro! tenía que tener cuidado.

"Sombra", a diario pasaba ganas de escaparse al jardín. Entonces... saltaba por la ventana o se colaba por la puerta. Otras veces salía al tejado.

No le gustaba quedarse solo y cuando se fueron de vacaciones los padres y la niña, al volver,  "sombra" no les conocía. Pero, más tarde, recordó quien le acariciaba, era la niña. También fue recordando a quien le hacía bromas, era la madre y de quien le regañaba un poco, era el padre.

Un día que el perro dormía... salió.
Sin darse cuenta, se puso sobre el perro y ... ¡claro! el perro  despertó y el gato echó a correr... y el perro detrás.
Se escondió detrás de una parrilla y el perro no le vio.
Siguió corriendo... y el gato se libró.
Entró en casa y se puso a dormir en el sillón. Cuando despertó lo acariciaban la niña y su hermana, mientras el perro le seguía buscando.

Al gato le encantaba cazar moscas y un día se tragó una.
Tenía los ojos amarillos como las serpientes y un collar azul como el mar... con cascabel.

Ese gato, es mi gato y es... ¡¡GENIAL!!.



Claudia Pruneda